UN AMOR DE VERANO (SERGIO)
El sol me iluminaba y mi mirada se alegraba.
La playa que veía, me relajaba y hacia que me sintiera un dulce príncipe.
Cuando paseaba por la orilla, mi cara se quedaba sellada en el agua.
Notaba como las olas se chocaban contra las rocas y me salpicaban las gotas en la cara.
Disfrutaba de cada momento y nunca quería que terminara todo aquello.
Sentía como el agua me limpiaba todo el cuerpo.
Nada podía detener mi felicidad, ya que me hacia pensar en cosas bonitas.
De pronto vi una chica, con una rosa en la mano.
Su mirada hacia que el día y la noche tuvieran un claro mensaje y era que el romanticismo se estaba apoderando de nosotros.
Mire sus ojos y vi fuego en ellos.
Sus chispas incendiaron también los míos.
Nuestras bocas se pegaron, e hicieron que nuestra saliva, fuera ese dulce líquido, que nos daba la vida.
El olor de su piel, me recordaba a las flores que olía cuando llegaba la primavera.
Pero estábamos en verano y la playa, con su magia, nos hizo encender nuestros corazones y hacer que bombearan, para así expresarnos mutuamente todo lo que sentíamos.
Le dije esta frase cuando se acerco a mí: Niña, tu mirada, hace que me quede hipnotizado, pues cuando veo tus ojos, me va entrando en mi cuerpo, una energía, que hace que me sienta lleno de vida, entonces empiezo a soñar con tenerte a mi lado y cuando me empiezas a tocar, se me va quedando grabado en mi piel tu nombre.
La noche empezaba a teñir todo el cielo de su bella magia.
La luna despedía al sol y se ponía en donde las estrellas, le sonreían.
Que bonito amor de verano por Dios, estaba tan a gusto, que mi inspiración, hacia que saltara y pudiera verme lleno de la luz que los planetas mostraban al espacio.
Ella estaba tan alegre, que todo lo que había en la isla, se volvía tan bello, que nada podía emborronar aquello.
Cuando llego la hora de besarnos, los delfines nos aplaudieron con sus aletas.
Estaba besando sus labios, que bonito era todo, el tiempo no me haría olvidar nunca todo eso. Nuestro amor era fascinante y a la vez intrigante, pues no le pregunte su nombre, ni sabía de donde era, solo se, que era preciosa.
Y ahora que han pasado muchos años de aquel momento, todavía me pregunto que donde estará.
Mi alma no puede escaparse de mi cuerpo y volar para encontrarla.
Siento escalofríos cada vez que llega el verano.
Porque todavía voy a aquella playa, pero sus huellas se han borrado de la arena.
El tiempo me hará olvidarla, pero yo se que todavía la amo.
Cuando la vea algún día, le pediré que se case conmigo.
Pero quizás me haya olvidado.
Y todo, por un amor de verano.
jueves, 15 de mayo de 2008
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1 comentario:
me ha parecido muy bonita y romántica, pero a la vez muy triste
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